

Una vez conocí a un coleccionista de antigüedades. Hablando con él llegamos a un punto en el que me encargó un retrato suyo. Así pues después de un tiempo nos pusimos de acuerdo y fuimos a su casa, perdida en algún lugar del norte de Tenerife. La casa parecía bastante normal por fuera, un pequeño adosado en una urbanización tranquila dominada por una quietud y silencio desconcetantes. Desde luego no me esperaba lo que me iba a encontrar cuando abrió la puerta de su casa: ¡El lugar era un maldito museo!, diría incluso que la mayor colección que he visto en toda mi vida de joyas y maravillas de todas las épocas. Un horror vacui extremo en donde los únicos espacios vacíos eran las baldosas que formaban el camino que te llevaba de una zona de la estancia hasta la del lado extremo por un recorrido de maravillas inimaginables. Ante la incredulidad que se apoderaba de mí en esos momentos no pude hacer más que dejarme llevar por un recorrido histórico a través de las piezas más extravagantes o llamativas de la colección, por boca de mi sorprendente anfitrión. Así pasé una de las tardes más mágicas que he pasado en mucho tiempo completamente ensimismado en el micromundo en el que estaba inmerso, hasta que finalmente ya regresé al mundo real, hicimos la sesión de fotos para el cuadro y bueno, aquí tienen el resultado: un retrato clásico con luz de ventana, junto a un quinqué del siglo XVIII y un antiguo broche. El marco del cuadro también es del siglo XVIII. Una experiencia curiosa...
Imagen: Óleo sobre liezo, 62 x 47 cm aproximadamente.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Parafraseando a los clásicos...
Publicado por
jaae00@hotmail.com
en
17:18
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2 comentarios:
Aún estába fresquito el óleo jeje se ve sobre todo en el detalle de la cara...
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